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08 de agosto de 2017 a las 09:30

Si sientes miedo ante un desafío, detente.

NOTA: escribo estas líneas en medio de la noticia de una pequeña de solo 4 años asesinada brutalmente a manos de su madre y la pareja de esta. Y pienso en el miedo, en el terror diario al que ha tenido que estar sometida cada día. Entiendo que estaría paralizada dentro de una vida monstruosa, como también lo están muchas otras personas a lo largo y ancho del planeta, personas a las que se les ha despojado de la posibilidad de plantearse otra forma de vivir. Mi respeto más profundo hacia todos estos seres humanos aplastados por el miedo y mis siguientes palabras para aquellos que aún pueden plantearse desafíos y, ante ellos, sienten miedo. 

¿Alguna vez te habías planteado que el miedo, gestionado de forma certera, puede ser una poderosa arma para tu crecimiento personal?

Hay tantos miedos en el mundo como seres humanos habitan en él y, desde esta premisa, planteo las líneas que escribo a continuación, con la firme convicción de huir de soluciones enlatadas, de los 10 tips para luchar contra el miedo, de las 5 reglas infalibles que harán que te lances, sin miedo, a la nueva aventura.


El miedo (y el resto de emociones que nos incomodan: la ira, la vergüenza,…) son esos sentires tan poco valorados y de los que parece que lo mejor que podemos hacer es huir. Sin embargo, el miedo forma parte de nuestro equipo de respuesta a la interacción con el mundo, ¿por qué no atenderlo? ¿por qué no darle cabida? ¿por qué no utilizarlo a nuestro favor? Me gusta utilizar la metáfora de que nuestras emociones son un buen GPS para dirigirnos en la vida, pero todas: la alegría, el miedo, la ira, la sorpresa, el amor. Y, ¿verdad que al GPS le vamos escuchando, le vamos viendo y, si nos da señales de nos hemos confundido,” Detente”, “Gira en cuanto sea posible”,… lo más razonable parece hacerle caso? ¿Por qué no utilizar nuestro equipo emocional de esa misma forma? Las emociones que nos incomodan (el miedo, el enfado, la vergüenza,…) son señales a las que es muy útil atender.


En una gran parte de las ocasiones el miedo es una forma certera de medir nuestra propia habilidad
(o la percepción que tenemos de ella) a la hora de enfrentarnos a un nuevo desafío. Justo ayer estando en la playa con mi hija mostró miedo en la zona de las olas en más de una ocasión. Le ayudé a recoger su propio miedo (“Mami me asusta que no puedo controlar mi cuerpo si la ola es grande”) y buscar seguridad (vamos hacia atrás y cuando acumules experiencia en un entorno más seguro, pensamos si te apetece ir hacia adelante). Terminamos cogiendo olas con la tabla y con un: “Este año me apunto al curso de surf”. Creo que el “Venga, hija, que no pasa nada, no te preocupes,…” no habría ayudado más que a empeorar la cosa, no sólo para este día, sino también para otros posteriores en semejante situación.


Y no, no hay miedos justificados y no justificados porque todos se basan en nuestra experiencia como personas en el mundo: una creencia, una experiencia anterior, una expectativa demasiado elevada,… Y eso no son cosas que no existen, como a veces tratamos de hacer creer a quienes nos muestran sus miedo: “No te preocupes, si tu vales mucho”, “Mándate mensajes positivos, que te torpedeas mucho”,… Existen y lo más acertado para poder seguir avanzando es darles cabida gestionándolos de una forma que útil. 


Pero, ¿cómo gestionar el miedo de forma útil, certera, eficaz? 

 
La secuencia que te presento es, al menos en mi experiencia y la de los clientes con los que la he trabajado y trabajo, muy útil y eficaz:


- Dale al miedo el lugar que se merece: el miedo nos ayuda a tomar conciencia de que nos queremos mover, no hay miedo si no hay desafío. El miedo forma parte del cambio, de la necesidad de cambiar. Empezar por explorar cuál es ese desafío, cómo es, por qué quieres afrontarlo,… te dará muchas pistas.

- Identifica los miedos específicos que aparecen cuando te orientas y piensas en moverte (tener esa conversación, abandonar un hábito con el que no quieres seguir, reorientar tu carrera profesional,…). ¿Qué sentires, pensares y haceres surgen en relación a ese desafío?

- Para cada uno de esos miedos específico, ¿qué cuestiones sería necesario poner en marcha para encontrar mayor seguridad?: quizá comentarlo con otras personas, quizá una formación, quizá revisar una creencia no basada en evidencias, quizá trocear el cambio en cambios más pequeños,…

- Reformula la idea inicial del cambio: es más que probable que al hacer este proceso, esta secuencia, surjan nuevas ideas , aparezcan otros miedos nuevos, identifiques nuevas posibilidades,… Con estas nuevas informaciones, puedes reformular tu idea inicial del cambio.

La secuencia se puede ir haciendo repetidamente en función de la información o feedback que vaya emergiendo y seas capaz de atender. Cuando identifiques aspectos concretos de acción recuerda siempre evaluarlos en términos de utilidad, de comodidad y de relevancia. Y sólo entonces ponte manos a la obra con el Plan de Acción, al menos si quieres que sea un Plan de Acción Sostenible (pero esto ya para otro post!).

Recuerda, el miedo, bien gestionado, puede ser mucho más un aliado que un enemigo a la hora de conseguir tus desafíos.

Gracias de corazón por leerme, en el próximo más (y probablemente mejor).

Verónica Bermúdez Pérez.

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